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Mis asuntos con la jerga mexicana

Mis asuntos con la jerga mexicana

Chilapastroso. Me enamoré de este bocado de inmediato y sin reservas.

ALGUIEN QUE ES CHILAPASTROSO es descuidado, descuidado de la imagen, tiene los pantalones manchados de grasa por comer demasiados gorditas mientras camina por la calle, usa la misma camisa arrugada por tercer día consecutivo. Mi compañero de trabajo René me lo enseñó y tuve que ponerlo en práctica de inmediato.

"¿Cómo andas?" preguntó mi amiga Ana.

“Ando chilapastrosa,” dije con alegría. Para mí, la nueva jerga es como el dinero haciendo un agujero en mi bolsillo.

“¿Chilapastrosa? ¿Quien te enseño eso? Solamente mi abuelo dice que."

Y así fue como descubrí que había aprendido jerga de otra generación. A pesar de que llevaba la misma camisa sin lavar por cuarta vez en dos semanas, no estaba chilapastrosa porque eso es algo que solo diría un abuelo. Estaba tan emocionado por aprender la jerga que no había tenido en cuenta que la edad de la persona que me la enseñaba podría provocar diferencias generacionales.

Escuché a mi amigo Luis Jorge hablar de su cuates (amigos) y les pregunté: "¿Puedo tener cuates ¿también?"

"Puedes, pero la mayoría de los hombres usan la palabra cuate.”

Solo para practicar, comencé a llamarlo mi cuate y a cambio me llamó su cuatita. Incluso si no era apropiado para el género, disfruté tomando la palabra para una prueba de manejo.

Y luego está el vocabulario escatológico como chingar (follar) y pedo (pedo), que producen un absoluto riqueza de jerga. En el trabajo, cuando mi jefe me preguntó cuánto tiempo me tomaba editar un informe, le respondí: "Un chingo de tiempo".

Él rió. “Un putero de tiempo”, agregó, consciente de mi obsesión por las nuevas frases. Me atrapó pensando, "si un puto es un prostituto y putero es una casa de putas, ¿cómo lo traduciría? un putero de tiempo? Entonces mi jefe dijo: "A veces, los extranjeros se obsesionan demasiado con la jerga y la usan en situaciones inapropiadas". Contó la historia de un funcionario estadounidense que vino a México para una reunión, y respondió a una propuesta de un funcionario mexicano con lo siguiente: “¡Que chido, güey!”. ("¡Qué genial, amigo!").

Arturo, un pintor mejor conocido como el maestro, me enseñó los diferentes usos de pedo. Explicó: “Si un amigo te llama para decirte que llegará tarde a una fiesta debido al hacinamiento en el metro, puedes responder 'cero pedos', como en 'no hay problema'”. pedo las frases incluyen "está pedo / pedísimo" ("está borracho"), "que pedo, güey" ("qué problema, amigo") y "no hay pedo" ("no hay problema"). Unos días después, Arturo me envió un mensaje de texto para decirme que no podría conocerme porque su madre estaba enferma. Con alegre velocidad, le respondí "cero pedos".

Cuando me encontré con otros gringos, especulé sobre qué jerga conocían y qué jerga habían inventado. Un amigo exclamaba constantemente "¡Chingíssimo!" ("¡Jodidamente increíble!" Según él), mientras que otro lo llamó en broma "putaface". Junto con todo este invento vino el uso excesivo de la palabra pellizcar ("maldito"). Bebimos "pellizcos chelas" con "pellizcos amigos" cerca del "pinche parque España".

Tengo que contenerme, controlarme, moderar el uso de la jerga, lamentar la pérdida de mi querido chilapastroso en privado. Incluso si no puedo encontrar la situación adecuada para usar palabras y frases, camino por las calles recogiéndolas. Un día, un tipo en su celular usó un tono de broma para llamar a alguien “pendejo viejo decrépito” (“pendejo viejo decrépito”). Lo anoté en mi cuaderno, disfrutando de la combinación de la entrega de un terrible insulto en un tono tierno y juguetón. Sin embargo, no pude resistir la tentación y, en lugar de escribir exactamente lo que escuché, escribí “pinche pendejo viejo decrépito”.

Ver el vídeo: POR QUÉ MÉXICO NO HABLA JERGAS LATINAS? (Septiembre 2020).